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Instalación de puertas prefabricadas

Renovar las puertas de la vivienda es un trabajo que hay que tomarse con calma. La opción de arreglar o recuperar las ya existentes sólo merece la pena si son de buena calidad, realizadas en maderas nobles, antiguas o pertenecientes a algún estilo determinado. En caso contrario, sale más barato y resulta menos complicado sustituir las puertas ya existentes por nuevos modelos. El problema suele aparecer cuando queremos cambiar modelos viejos por otros más modernos, ya que los marcos normalmente no coinciden, al haber cambiado las medidas y dimensiones de las puertas. Entonces hay que sustituir todo el conjunto, para lo cual también habrá que adaptar las medidas del vano a las del nuevo marco. Para realizar estos trabajos lo adecuado es acudir a profesionales de las reformas, que nos garantizarán un resultado perfecto. Las nuevas puertas prefabricadas solucionan en gran medida casi todos los problemas que se pueden presentar. Las hay de dos tipos: en kit o tipo block. Las primeras se presentan en forma de conjunto de piezas y materiales (bisagras, herrajes, cercos…) que hay que ir acoplando progresivamente al vano de la puerta. En las de tipo block, la puerta viene ajustada al marco con las bisagras, y lo único que hay que hacer es acoplar éste al hueco. Por supuesto, antes de adquirir este tipo de puertas hay que tomar las medidas correspondientes; es importante tener en cuenta que dichas medidas sólo se pueden tomar una vez hayamos retirado la puerta antigua de su emplazamiento (junto con el marco). Entonces se miden la altura, el ancho y el espesor de la pared; también hay que comprobar si se trata de una puerta de apertura hacia la izquierda o hacia la derecha. Cuando ya se haya montado el marco en el hueco (si el suelo está bien nivelado, el ajuste no presentará problemas), hay que fijar el conjunto a la pared con una espuma adhesiva expandible. Estas espumas pueden ser de uno o de dos componentes; las de un componente son más baratas, pero, si la humedad del aire aumenta, pueden sobreexpandirse y deformar el marco. Las de dos componentes son más estables, ya que se endurecen mediante una reacción química; una vez aplicadas, en una hora habrá terminado el proceso de fraguado y la puerta quedará firmemente colocada, sean cuales sean las condiciones de humedad o térmicas del ambiente.

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Solucionar problemas en el WC

Los problemas en las cisternas del WC son muy comunes en aquellos sanitarios que tienen unos cuantos años. En algunas ocasiones es recomendable acudir a los profesionales para solucionar el problema, sobre todo si nos vemos en el caso de tener que cambiar el aparato en sí y realizar las nuevas conexiones con las redes de desagüe y alimentación de agua. Sin embargo, antes de tomar decisiones radicales, aquellos aficionados al bricolaje que se atrevan pueden intentar arreglar algunos problemas con garantías de que la solución será efectiva y duradera. Lo primero que debemos conocer son las diferentes partes de que consta una cisterna. Se trata de un mecanismo muy sencillo: dentro del depósito hay un sistema de alimentación (para llenar la cisterna), otro de descarga (facilita la salida del agua hacia la taza) y un conjunto de flotador (regula la cantidad de agua que sale hacia la taza y posibilita el llenado de nuevo). Una vez conocidas las partes y su funcionamiento, veamos qué problemas pueden presentarse. Un caso muy común es que nos encontremos con que el agua fluye constantemente hacia la taza y, por consiguiente, la cisterna nunca se llena. Lo primero que hay que hacer es desenroscar el tornillo del tirador y retirar la tapa. El flotador (o la bola, en cisternas más antiguas) va unido a un brazo o varilla que lo comunica con el regulador de caudal. Para detener el flujo del agua, hay que girar el tornillo que une ambos elementos en el sentido de las agujas del reloj hasta escuchar que el agua deja de fluir. Si la cisterna es más vieja, probablemente no disponga de tornillo de regulación; en este caso, habrá que doblar la varilla por el centro, de manera que el flotador se hunda algo más en el depósito. En otros casos el problema no termina ahí, sino que probablemente hay que ajustar o cambiar los componentes del sistema. Por ejemplo, la cisterna se une a la taza mediante dos tornillos y juntas de goma; si las juntas están flojas o deterioradas, habrá que cortar la alimentación de agua, vaciar la cisterna, enjuagar el tanque con una esponja, retirar los tornillos y cambiar las juntas. Si vemos que el agua gotea en el punto donde el latiguillo o tubo de alimentación se une con la cisterna, probablemente será suficiente con apretar la tuerca; pero si está pasada de rosca, entonces habrá que sustituirla. En cuanto a la presencia de grietas en la cisterna, suponen un asunto más complicado; en estos casos, lo mejor es adquirir un nuevo sanitario y acudir a un fontanero profesional para que nos los sustituya.

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Nuevos materiales para construcción y reformas

Para obtener buenos resultados en las obras de rehabilitación, reformas y manten¡miento de los edificios y las estructuras, es fundamental utilizar materiales que ofrezcan garantías de durabilidad y resistencia, proporcionando un estado inalterable con el paso del tiempo. Pero a la vez, también es importante que dichos materiales sean sencillos y rápidos de utilizar, lo que rentabiliza considerablemente los trabajos, al ahorrarse mucho tiempo en su realización. La firma Sika, una de las más importantes en el desarrollo de productos para la construcción y las reformas, acaba de sacar al mercado varias novedades en materia de aditivos para mortero, imprimaciones y adhesivos y refuerzos, entre otros. El primero de los productos a destacar es el aditivo de color SIKA MaxMix Color, un colorante para añadir al cemento que se presenta en forma líquida y en concentrado. Se puede utilizar para colorear la argamasa de unión entre ladrillos, para colocar pavimentos, para revestimientos y para lechadas. Su mayor ventaja es que resulta mucho más fácil de utilizar que los aditivos en polvo debido a su sencillo sistema de dosificación. Se presenta en colores negro, amarillo, rojo y marrón; un envase de 1 l equivale a uno de 5 l de colorante estándar. Otro material muy interesante es el mortero de reparación SIKA Monotop-412S, que puede aplicarse de manera manual o por proyección. Está pensado para trabajos de reparación de hormigón: desconchados, deterioros, fisuras o refuerzos estructurales. Puede aplicarse con un espesor de capa de hasta 50 mm; al estar reforzado con fibras, las reparaciones nunca se fisuran. Además, aporta una estupenda adherencia sin necesidad de emplear puentes de unión. Los revestimientos protectores amplían su gama con Sikalastic-490 T. Se trata de una membrana líquida impermeable y monocomponente a base de poliuretano, que deja sobre las superficies una película transparente, brillante, duradera y con una óptima resistencia a la intemperie. Muy adecuada para la impermeabilización de pavimentos de terrazas, balcones, patios, invernaderos… El resultado tras su aplicación será el de una superficie resistente a las heladas, la lluvia ácida y el CO2. Para facilitar el agarre de esta membrana sobre suelos de cerámica, es aconsejable aplicar primero sobre el pavimento la imprimación SIKA Primer-490T para superficies vidriadas y vitrificadas. Por último, una novedad en materia de adhesivos y refuerzos: SIKABond Q-300, un adhesivo estructural de dos componentes y secado rápido. Su característica más destacable es su versatilidad: se puede emplear con acero, hormigón, acero inoxidable (no cromado), aluminio, cobre, ladrillos, madera, cerámica y PVC. Presenta una adherencia muy rápida, fuerte resistencia al paso del tiempo, no lleva disolventes ni desprende vapores tóxicos, amortigua las vibraciones, se puede utilizar a bajas temperaturas y no se descuelga (por ejemplo, cuando se emplea en techos).

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Tipos de cemento y sus aplicaciones

Los cementos son productos fundamentales en los campos de la albañilería, la construcción y las reformas. Forman parte de las argamasas que mantienen unidas las piezas en muros, paredes y forjados, y también son indispensables para el hormigón de las soleras y los cimientos. Sin embargo, no existe un único tipo de cemento; dependiendo de la aplicación, podemos encontrarnos con varios materiales, y conviene saber cuáles son los más empleados y para qué sirve cada uno.Los cementos más habituales son los de tipo Portland (así llamados porque, al fraguar, el material resultante adquiere el aspecto calcáreo de las rocas características de la ciudad inglesa de Portland). Son los más corrientes en construcción, y también los más resistentes. Los cementos Portland grises son los más fuertes de todos. Se suelen utilizar para construir columnas, vigas y elementos estructurales y de soporte. Estos materiales, dada su fuerza y durabilidad pueden combinarse con otros elementos para obtener morteros y hormigones. Los cementos Portland blancos son menos resistentes y se usan habitualmente para acabados, como materiales de base en la fabricación de piezas para decoración, para aglutinar fibras de madera en tableros aislantes (tipo Celenit) y como parte de la fabricación de pavimentos.Otro tipo de cemento, muy conocido y empleado por los amantes de bricolaje y los profesionales de las reformas, es el cemento rápido. Su fraguado es casi instantáneo y es menos resistente que los anteriores. Se utiliza para trabajos puntuales y no se pueden mezclar con otros materiales.Por último, el cemento-cola es un producto de muy fácil preparado (incluso se puede comprar listo para su uso) y aplicación. Está formado básicamente por cemento tipo Portland, arenas y colas sintéticas. Se utiliza sobre todo para trabajos de pequeña envergadura, como alicatados, reparaciones domésticas, rellenado de llagas en soleras y paredes cerámicas… Si el preparado tiene como base el cemento Portland gris, su resistencia será mucho mayor que si la base es de Porland blanco.

Aparte de estos materiales, conviene saber que en el mercado hay disponible una gran variedad de aditivos (endurecedores, aceleradores, plastificantes…) para conseguir mezclas y argamasas con propiedades específicas, y más fáciles de manipular.

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Papel pintado: tipos y cálculo del material

Tras experimentar un esplendor sin igual en los años 60 y 70 (¿quién no recuerda las paredes de las casas cubiertas de motivos psicodélicos o románticas flores?), el papel pintado cayó en el olvido y el rechazo durante muchos años. Nadie quería empapelar sus paredes; los motivos estaban pasados de moda y los revestimientos no eran de buena calidad, desprendiéndose y ensuciándose con el tiempo. Pero desde hace cuatro o cinco años, las últimas tendencias decorativas han recuperado los empapelados y los han actualizado con nuevos diseños y materiales, hasta el extremo de ser los protagonistas absolutos de muestras como Casa Decor o Casa Pasarela, en las que se expone lo último en decoración de interiores.Los tipos de papel son muchos y muy variados, dependiendo de su composición o de la impresión que lleven. El papel gofrado es el más corriente, formado por una sola capa; son poco resistentes y pueden ser lisos, estampados o con efectos de veladuras. Se pegan a la pared con cola corriente de empapelar. Más fuertes y duraderos son los vinílicos, actualmente los más vendidos; llevan una capa protectora de vinilo (PVC) que hace que su superficie sea lavable, por lo que resultan adecuados para cocinas y baños. Se pegan siempre con adhesivo especial. Los papeles de tela (también vinílicos) son una novedad interesante; el papel en sí no es más que el soporte sobre el que se fija la tela, normalmente de algodón o sintética. Llevan un tratamiento antimanchas para protegerlos. Por último, están las variedades pintables, que pueden imitar a la pizarra (para, por ejemplo, que los niños las decoren con tizas en su habitación), o con gofrados (relieves en blanco) que luego pueden colorearse dando una fina capa de veladura.Los rollos de papel suelen tener unas medidas de 52 cm de ancho por 10,05 m de largo. A la hora de calcular los rollos necesarios para empapelar una habitación, hay que dividir el perímetro de ésta por el ancho del rollo. Después se procederá a dividir la longitud del rollo por la altura de la pared, para calcular el número de tiras que salen de cada rollo (hay que añadir 10 cm de más por cada lado si el papel lleva un estampado que haya que coordinar). Para terminar, se divide la primera cifra obtenida entre la segunda para conocer el número total de rollos. Es recomendable comprar algún rollo de más por si se nos estropea parte del papel o para realizar arreglos en el futuro.

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Carpinteria de Madera decoración Madera Materiales muebles Restauración

Tintes para dar color a la madera

Cuando queremos cambiar el color de algún mueble, muy a menudo empleamos productos que no son los más indicados y al final nos sorprendemos por que el resultado no es el que nosotros esperábamos. Para cambiar el tono de las maderas lo mejor es emplear tintes específicos, que, bien empleados, nos proporcionarán un acabado de profesional.Antes de proceder a teñir una madera, es importante saber que debe estar limpia y sin barnizar, ya que la superficie ha de ser porosa para absorber el agua o el disolvente y dejar que se deposite el color en las fibras. Un mueble mal decapado quedará lleno de manchas y cercos, y el resultado será un desastre. Es recomendable lijar suavemente la madera limpia con una lija del nº 280 y en el sentido de la veta antes de teñirla, prestando especial atención a las uniones (en ellas se suelen acumular restos de cola, que no absorben el color) y los nudos resinosos.Los tintes que se utilizan en restauración de muebles son de varios tipos:– Anilinas. Pueden ser al agua o al alcohol. Son pigmentos naturales que se comercializan en forma de polvos, en pequeños sobres; la más conocida es la nogalina, derivada del nogal. Se disuelven en agua caliente o alcohol de 96º en la proporción deseada (es aconsejable hacer pruebas), y, una vez disueltas, hay que filtrarlas con una gasa para eliminar los grumos e impurezas. Se deben aplicar sobre la madera limpia, y la mejor forma de hacerlo es con un trapo de algodón que no suelte pelo o una esponja escurrida (así evitaremos dejar marcas de brocha). Las anilinas al alcohol se pueden usar para colorear barnices de goma-laca. Estos pigmentos no ofrecen protección, sino solamente color; después de aplica una anilina al agua hay que dar una o varias manos de goma-laca, tapaporos, barniz o cera; si se ha utilizado anilina al alcohol, sólo pueden emplearse barnices o ceras.– Tintes al agua preparados. Son anilinas que se comercializan ya disueltas en pequeños frascos. Tienen la ventaja de estar ya preparadas, pero salen bastante más caras y hay menos tonalidades. También se deben barnizar.– Tintes al disolvente. Más espesos que los tintes al agua, se presentan en botes de varios tamaños. Siempre deben aplicarse con trapo. Se utilizan para teñir maderas que no absorban bien los tintes al agua, porque su poder cubriente es mucho mayor. También son eficaces para dar pequeños toques sobre muebles barnizados o encerados, y con ellos se pueden colorear barnices de tipo sintético (cuando se mezcle un barniz con un tinte, después hay que filtrar siempre la mezcla con una gasa o una media). Pueden dejarse sin barnizar, aunque es recomendable hacerlo.– Barnices-tinte. Son barnices sintéticos ya coloreados. Se emplean para dar color, protección y brillo de una sola vez; no hay que barnizar después de darlos. Pueden ser eficaces como medida puntual, pero cuando se aplican suelen quedar marcas de brocha, y los colores y acabados no resultan muy naturales. Su mayor ventaja es que ahorran tiempo, pero, en nuestra opinión, merece la pena trabajar un poco más para obtener un resultado del que nos podamos sentir orgullosos. 

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Instalaciones eléctricas superficiales

Ampliar la instalación eléctrica de la vivienda es algo que todo el mundo se ve obligado a hacer en alguna ocasión. Bien porque queremos destinar un rincón a centro de trabajo (con lo que necesitaremos tomas para el ordenador, los altavoces, el router…), bien porque estemos pensando en poner más puntos de luz en forma de lámparas de pie o de mesa, a veces da la sensación de que nunca se tienen suficientes enchufes. En estos casos hay dos opciones: realizar una instalación empotrada mediante rozas practicadas en la pared (en estos casos, la mejor opción es acudir a un profesional, que hará el montaje de manera limpia, rápida y segura), o tender los cables introducidos en canaletas superficiales. Las canaletas puede colocarlas cualquier aficionado al bricolaje con algunos conocimientos básicos de electricidad; a continuación explicamos cómo se hace. Lo primero y fundamental, como en cualquier intervención en la red eléctrica, es desconectar el interruptor general del cuadro de distribución. Si hay más gente en la vivienda, no está de más poner en él una nota pidiendo que no lo vuelvan a conectar mientras se trabaja. A continuación hay que medir el recorrido del cable para saber cuántos tramos de canaleta necesitamos. Las canaletas pueden ser autoadhesivas (más fáciles de poner, pero más proclives a despegarse) o atornilladas (las más seguras). Para colocar estas últimas, hay que taladrar la base y atornillarlas a la pared (normalmente sobre el rodapié), introduciendo antes tacos de expansión. Los cables se sacan de una caja de registro o del enchufe más próximo; las conexiones a los cables de fase, neutro y tierra han de hacerse siempre con regletas o clemas. Dichos cables se pasan después por la canaleta hacia el punto donde vayamos a poner las nuevas cajas de enchufe.Estas cajas también se colocan de manera superficial, sin necesidad de agujerear la pared. Para ponerlas, se separa la tapa de la base, se presenta ésta en su sitio y se marcan los puntos donde irán los tornillos. Después se procede a taladrar los agujeros e introducir en ellos los tacos. Se introducen los cables en el enchufe y se fijan con las pinzas específicas para después sacar el cable por la parte inferior de la base, que se atornillará por fin a la pared. Lo último que hay que hacer es poner la tapa o embellecedor, sujetándola con tacos y tornillos.

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Nuevos materiales de fontanería

tuberias 

Desde hace ya bastante tiempo, las tuberías de cobre han sustituido a las de plomo en conducciones de fontanería, al tratarse este último de un metal potencialmente tóxico. Sin embargo, el cobre está muy lejos de ser el material definitivo para este tipo de instalaciones; durante los últimos años se han popularizado rápidamente las tuberías y accesorios hechos de materiales plásticos, mucho más ecológicos y fáciles de manejar. ¿Cuál es la mayor ventaja de estos materiales? Está muy claro: no precisan de soldadura para unir las piezas entre sí, con lo que el tiempo de instalación se reduce al máximo. Aunque estos tubos son algo más caros que los de cobre, dependiendo de la envergadura de la instalación suele merecer la pena colocarlos, ya que el tiempo de mano de obra se reduce considerablemente. Además son los más indicados para trabajos de bricolaje, porque su manejo es mucho más sencillo que el del cobre.
Pueden encontrarse sistemas de tres tipos:
Multicapa: para conducciones de agua fría y caliente; estos tubos están especialmente recomendados para calefacción, por ser muy seguros. Su nombre obedece a las cinco capas que componen el material: polietileno reticulado, capa adhesiva, aluminio, adhesivo y aislante.
Polietileno reticulado: más conocido por el nombre de Wirsbo (firma que comercializa uno de los productos disponibles en el mercado). Se emplea generalmente para conducciones de agua fría. Para las de agua caliente se usa el tubo llamado Pex, y para calefacción, el denominado Evalpex.
Polipropileno: los instaladores profesionales lo conocen como PPR y puede emplearse para circuitos de agua fría, caliente y calefacción (en este último caso se ha de emplear un tubo de tipo faser).
Para trabajar estos materiales se emplean herramientas habituales para trabajos de fontanería, como la llave de pico de loro o los cortatubos, con la ventaja de que no hay que contar con el equipo de soldadura. Así, todas estas ventajas hacen de los materiales plásticos una apuesta de futuro en el campo de la fontanería.

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Instalar suelos laminados

suelos laminados parquetsHan sido una auténtica revolución en el campo de los pavimentos. Los suelos laminados están cada vez más presentes en todos los espacios, siendo protagonistas de excepción en locales comerciales (sobre todo en sus líneas específicas para este tipo de lugares, más resistentes y con más años de garantía) y en cada vez más viviendas. Su estructura y composición se basa en una serie de capas de distintos materiales, revestidas por una lámina (de ahí su nombre) de celulosa que imita diferentes acabados: madera, baldosas, cemento pulido… Esta lámina se encuentra protegida por una capa plástica que aporta una extrema resistencia y durabilidad a los suelos. La capa base se compone de un compuesto aglomerado, por lo general de tipo DM (densidad media), sobre la que se pega la lámina celulósica con un adhesivo especialmente resistente.

Las tablillas de aglomerado llevan a ambos lados un sistema machihembrado a base de ranura y lengüeta. Al principio, estas tablillas se colocaban con cola vinílica, encajando las ranuras en las lengüetas para ir formando el suelo; actualmente, los sistemas de clic han desbancado prácticamente a los anteriores. Con estos sistemas ya no es necesario aplicar adhesivo, ya que las lengüetas encajan en las ranuras de manera que quedan “apresadas” por éstas, evitando los desplazamientos y posibles separaciones entre piezas.
Para obtener un resultado perfecto a la hora de colocar un suelo laminado, lo mejor es acudir a un profesional, que lo hará rápidamente y con garantías. Sin embargo, los “manitas” más avezados pueden atreverse a instalarlos ellos mismos. Lo primero que hay que hacer es desempaquetar el material y colocarlo en la habitación donde se va a instalar durante 48 horas, para que se ajuste a las condiciones térmicas y de humedad. Sobre el suelo original (que debe estar nivelado) hay que extender una lámina aislante para “acolchar” la tarima y evitar que pasen el frío o la humedad del pavimento. Después se empiezan a poner las tablillas comenzando por la pared que esté frente a la entrada de luz (ventana), y con el lado de la ranura hacia la pared. Las tablillas se van encajando unas con otras tras haberlas cortado con una sierra circular o de calar, golpeándolas con cuidado con un mazo y un taco de plástico ranurado. En el perímetro de la habitación hay que dejar un espacio de unos 5 mm para que las tablillas puedan dilatarse y contraerse sin levantarse por el centro; para ello, se colocan una serie de cuñas plásticas a intervalos entre las tablas y la pared (todos estos materiales se venden en kit en centros de bricolaje y establecimientos de suelos). Para terminar, habrá que encajar las últimas piezas con el resto; para ello, tras haberlas cortado longitudinalmente a la medida, emplearemos una palanqueta en forma de Z (incluida también en el kit) para tirar de la tablilla hacia el centro de la habitación. Es el momento de quitar las cuñas perimetrales; el hueco resultante se ocultará de manera eficaz con un rodapié a juego con el pavimento.

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Erradicar la carcoma

Los muebles antiguos son un tesoro a conservar y cada vez son más apreciados por decoradores e interioristas. Sin embargo, para mantenerlos en buen estado hay que someterlos a intervenciones periódicas, ya que, debido a su antigüedad, pueden terminar por deteriorarse sin remedio. Uno de los peligros más acuciantes que acecha a la madera es el ataque de la carcoma, vulgarmente llamada polilla: los muebles presentan unos diminutos agujeros que desprenden serrín y pueden terminar por debilitar toda la estructura del objeto, haciendo imposible su recuperación.
La carcoma es el nombre común de un insecto coleóptero (anobium punctatum, que excava galerías en la madera para depositar sus huevos. De éstos salen las larvas, que se alimentan de la celulosa presente en las fibras, excavando nuevas galerías para salir al exterior en forma de insectos totalmente desarrollados que se reproducirán para comenzar de nuevo el proceso. La reproducción y puesta de huevos tiene lugar durante la primavera, lo que significa que es el mejor momento para eliminar la carcoma de nuestros muebles.

carcoma madera

Para ello necesitaremos el siguiente material:

– Jeringuillas de plástico de 5 cc

– Líquido matacarcomas (es más efectivo que los aerosoles)

– Hojas de plástico resistentes

– Cinta adhesiva de embalar

– Algodón

– Brocha

Lo primero que hay que hacer es inyectar el líquido matacarcomas por todos y cada uno de los agujeritos que encontremos. Si rebosa y mancha el barniz, lo retiraremos inmediatamente con un paño. Las partes interiores deben tratarse a fondo, ya que la carcoma prolifera con la oscuridad y la humedad; es recomendable “pintar” estas partes con el líquido y la brocha, una vez inyectados todos los agujeros. Cuando nos hayamos asegurado de que el mueble ha sido desinfectado, procederemos a envolverlo con los plásticos y la cinta, dejando dentro unas bolas de algodón empapadas en el líquido. Por último, sellaremos las uniones con la cinta y dejaremos el mueble en cuarentena durante un mes para asegurarnos de su total desinfección. Cuando lo desenvolvamos, es importante comprobar periódicamente si de los agujeros sale serrín, lo que indicaría que los insectos han vuelto a atacarlo y hay que repetir el tratamiento.