Suelos de cerámica rectificada

Suelos de cerámica rectificada

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Son una apuesta muy actual, y cada vez están más de moda y resultan más populares. Los suelos de cerámica rectificada (y también los revestimientos para paredes, que son menos comunes) son aquellos suelos de baldosas cerámicas que ofrecen una superficie casi continua, en la cual las juntas apenas se distinguen. Las piezas suelen ser de gran tamaño y sus bordes están cortados de forma totalmente recta, lo que se llama “canto vivo” y con ausencia de bisel o redondeo. Esto hace que, cuando están bien instalados, la sensación que aportan es de un suelo similar a los de cemento pulido, liso y sin juntas aparentes.

Hasta aquí, la teoría; a partir de ahora, la realidad. Colocar bien un suelo de tipo rectificado es muy complicado, y siempre hay que buscar a un profesional competente y con todas las garantías (¡buscadlo en TuManitas.com!) para conseguir unos resultados perfectos. Porque si no se hace bien, las baldosas pueden presentar elevaciones o descompensaciones (que los profesionales llaman “cejas”) y que pueden resultar incluso cortantes y peligrosas.

La técnica de colocación es la misma que la del gres porcelánico, y recibe el nombre de “capa fina” porque el lecho de adhesivo sobre el que se pegan las piezas tiene poco espesor; esto hace que no exista mucho juego a la hora de nivelar las baldosas unas con otras. Otro problema es que el pavimento sobre el que se colocan esté mal nivelado; además, la ausencia de juntas cuando las baldosas se colocan a tope puede generar problemas de dilatación y hacer que las piezas terminen levantándose. Para evitar esto, se puede dejar una junta de 1,5 mm, rejunteándola con un producto especial para gres porcelánico del color adecuado. Para el suelo, es mejor escoger gres ligeramente biselado; en cambio, para las paredes, lo mejor es que las piezas estén sin biselar.

Imagen / Decoracion2.com.

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