bricolaje

Las escaleras de mano son un artículo empleado tanto por los profesionales de las reformas y la construcción, como por los aficionados al bricolaje o por cualquiera que desee llevar a cabo alguna tarea doméstica en un punto de difícil acceso. Sin embargo, a menudo desconocemos las características fundamentales con que debe contar una escalera para ser considerada totalmente segura. Los diferentes tipos disponibles también son muy interesantes, ya que los modelos varían mucho según la aplicación que se les vaya a dar, el material del que estén hechas, si son simples, dobles o transformables… En estas líneas intentaremos aclarar un poco las cosas. Por supuesto, lo principal es que la escalera que vayamos a adquirir esté debidamente homologada, y de esto nos aseguraremos comprándola en un establecimiento de confianza. Debe tener la longitud suficiente como para ofrecer apoyo firme para las manos y los pies; si no tiene quitamiedos (barra curva situada en la parte superior), tendrá que contar con por lo menos 4 escalones libres por encima de la posición de los pies. El material también es importante; para trabajos de electricidad, deben ser de materiales aislantes. Para escaleras de madera, la carga máxima será de 95 kg, y para las de metal, de 150 kg. Nunca se deben portar más de 25 kg de peso al subirse. Cada material tiene sus ventajas y sus inconvenientes; la madera es ligera y aislante (sin humedad), pero se estropea y contrae con el tiempo, mientras que el acero, aunque es incombustible y difícil de romper, es un buen conductor de la electricidad y se abolla con los golpes. Las aleaciones de metal ligeras son inoxidables; salen más caras pero son rentables, aunque también son conductoras de la electricidad. En cuanto a las escaleras sintéticas, aunque son aislantes y muy resistentes, toleran mal el exceso de calor o frío y salen algo caras.

La forma y estructura de la escalera es también determinante a la hora de escoger un modelo u otro. Las escaleras simples, de un solo tramo, siempre han de apoyarse en una pared para sostenerse, por lo que la base tiene que ser totalmente antideslizante. Las dobles de tijera son muy comunes y tienen un dispositivo articulable para plegarlas o abrirlas. Las extensibles se componen de dos tramos que se deslizan uno sobre el otro, a la manera de las de los bomberos; pueden ser mecánicas o manuales. En cuanto a las versiones transformables, son las más versátiles; se trata de escaleras extensibles de dos o tres tramos (mixtas de doble y extensible), que se adaptan a cualquier situación. Por último, unas medidas de seguridad: el ángulo de apertura de una escalera doble de tijera nunca debe ser mayor de 30º y deben contar obligatoriamente con un bloqueador de seguridad. En cuanto a las escaleras simples, siempre han de colocarse formando un ángulo de unos 75º con la horizontal.


La gama de encimeras para cocina es muy amplia, pudiendo encontrar en el mercado un material para cada vivienda, gusto y presupuesto. A los clásicos aglomerados melaminados, materiales pétreos, resinas con cuarzo, acrílicos y maderas macizas se les ha unido un nuevo material. Su nombre es Compactop, y lo fabrica y distribuye la firma Formica. Las encimeras Compactop están compuestas por múltiples hojas de papel encoladas entre sí con resinas fenólicas termoendurecibles, es decir, que fraguan por la acción del calor. La parte superior de la encimera consiste en un papel pintado encapsulado en resina de melamina y protegido del exterior por una hija de celulosa transparente. El grosor total de los tableros es de 12 mm y las medidas estándar, de 3.600 x 630 mm. Estas encimeras, además de ser totalmente ecológicas y reciclables, son perfectas para la manipulación de alimentos al resultar completamente intertes a la acción de los microorganismos.

En principio se pueden comprar con la instalación incluida, pero los amantes del bricolaje que se precien pueden instalarlas ellos mismos. Para hacerlo no se necesita más que una sierra de calar provista de una hoja de dientes finos, una fresadora con fresas para ranurar y biselar, y silicona fungicida especial para cocinas y baños. Lo primero que hay que hacer, por supuesto, es tomar las medidas perfectamente para encargar los tableros. Éstos se cortan a la medida con la sierra de calar; es importante hacerlo con la cara vista hacia abajo para evitar que se astille o se estropee. También hay que serrar los huecos para la placa y el fregadero, empleando las plantillas que acompañan a estos electrodomésticos, o bien tomando las medidas.

Los tableros se unen entre sí fresando una ranura en los cantos e introduciendo una galleta o listón como unión, acompañado de un cordón de silicona o bien un adhesivo profesional resistente a la humedad. Es recomendable biselar ligeramente los cantos vistos para que no queden muy cortantes. Lo último que hay que hacer es rellenar los huecos y encuentros con las paredes, copetes o perfiles con silicona fungicida del color adecuado. Las encimeras Compactop son flexibles y resistentes, por lo que se adaptan perfectamente a los posibles desniveles de los muebles de cocina sobre los que se vayan a colocar. Se puede obtener más información sobre la amplia gama de colores y modelos existentes en su página web: www.compactop.com, así como una serie de pautas para su instalación.

Tejas

Los materiales para revestir una cubierta son muy variados, y podemos escoger unos un otros en función de nuestros gustos, el tipo de cubierta que queramos instalar y nuestros gustos estéticos. Las tejas cerámicas son una de las opciones más clásicas; se obtienen por un proceso de cocción de la arcilla en seco llamado molturación. El material debe estar limpio de impurezas y partículas de cal para evitar que se produzcan desconchados por la expansión de la teja, sujeta a heladas o cambios de temperatura. Las hay de tres tipos: curvas (las tejas árabes clásicas) y prensadas: mixtas (con una parte plana que se encaja bajo la teja anterior) y planas. También existen otras tejas fabricadas a base de hormigón comprimido y coloreado en masa, conr lo que se elimina el proceso de cocción y se abaratan considerablemente los costes en relación con las de cerámica.

Resisten muy bien las heladas, por lo que son muy prácticas para climas extremos y recomendadas para trabajos de rehabilitación. Por otra parte, la pizarra es un material clásico y muy tradicional de varias zonas de nuestro país. Las cubiertas de pizarra están formadas por lajas o planchas de diferentes formatos procedentes de bloques dicha piedra, una roca natural sedimentaria de naturaleza esquistosa que se caracteriza por ser exfoliable (o sea, que se desprende en forma de lajas o láminas). Son perfectas para cubiertas a dos o más aguas en climas fríos y/o lluviosos, ya que la pizarra es un material muy impermeable y resistente a las heladas. Otro material muy empleado es la tela asfáltica. La hay de tres tipos: negra (compuesta de material antiadherente, oxiasfalto y fieltro de fibra de vidrio), de aluminio (igual pero con una capa de aluminio gofrado) y de pizarra, también llamada Tegola (revestida con una capa de autoprotección mineral en forma de pequeños gránulos). La tela asfáltica negra se coloca por soldadura mediante lanza sobre cubiertas planas (azoteas), para impermeabilizar la superficie. Luego se suele revestir con gravilla u otros materiales. La tela de aluminio es adecuada para superficies que se vayan a pintar, y la de pizarra para cubiertas en las que se pretenda obtener un acabado más estético.

 
Otra solución novedosa y práctica para los amantes del bricolaje es un nuevo material que ha aparecido en el  mercado, comercializado por la firma Onduline bajo el nombre de Onduvilla. Se trata de planchas de teja ondulada de 106 x 40 cm, compuestas por una mezcla de fibras naturales, bituminadas, resinadas y coloreadas en diversos tonos. Son fáciles de instalar y se pueden poner sobre bases de tablas, sin necesidad de disponer de una superficie continua. Se colocan con clavos plásticos especiales. Y por último, no podemos olvidarnos de un material tan empleado como el fibrocemento, que consiste en planchas onduladas realizadas a base de cemento mezclado con fibras de vidrio. A esta mezcla se le añaden distintos colorantes para obtener tonos similares a los de las tejas. Actualmente, está prohibido que estas planchas tengan amianto (también llamado asbestos) en su composición.

Las instalaciones eléctricas son uno de los campos, dentro de las reformas, con los que más cuidado se ha de tener en materia de seguridad. La homologación de todos los componentes y su instalación por parte de profesionales debidamente acreditados son fundamentales para evitar cualquier tipo de problema o accidente. Dentro de los distintos tipos de instalaciones que pueden realizarse en una vivienda, nos encontramos con que cada vez es más común tener que tender redes en tabiquería hueca (tipo Pladur), ya que este tipo de paredes son muy habituales en las viviendas nuevas por ser baratas, ligeras, aislantes y rápidas de instalar.

Colocar interruptores y enchufes en este tipo de tabiques no es complicado; además, nos ahorramos el trabajo de hacer rozas, ya que basta con una simple sierra circular o de corona para abrir los agujeros por los que introducir las mangueras. Los perfiles de metal que sirven como estructura para sostener las paredes están pretaladrados, para poder pasar a su través las canalizaciones. Eso sí; el material debe ser específico para este tipo de obra. Por ejemplo, la firma Simón dispone de una serie de cajas de empotrar para tabiquería hueca que últimamente ha ampliado con cajas de 3 y 4 elementos, sumadas a las ya existentes de 2 y 1. Para facilitar la colocación de las cajas, se comercializa también una plantilla especial que convierte la instalación en un trabajo de lo más limpio y rápido.

Las cajas cuentan con 4 entradas de tubo de hasta 25 mm de diámetro, que además posibilitan la inserción del tubo o manguera en posición recta o acodada; llevan un diseño especial que impide que las cajas se muevan una vez instaladas, además de un tetón en su parte posterior que señala el punto exacto del tabique en el que se ha de situar la broca (a la hora de practicar el agujero con la sierra de corona), y cuentan con un aro exterior extraplano que sirve para corregir y adecuar la distancia entre el marco y la pared, evitando problemas si la superficie de ésta es irregular.

Y para aquéllos que no quieran taladrar o perforar las paredes, la misma firma dispone de instalaciones de superficie a base de cajas y canaletas o tubos, como las de la serie Simon Aqua, cuya estética está inspirada en el estilo de los más modernos lofts. Atractivas, fáciles de colocar y accesibles sin obras para cualquier reparación.

Más información: www.simon.es

Cuando queremos volver a solar el pavimento de un piso bajo o antiguo, a menudo nos encontramos con que está tan deteriorado que no basta con verter una capa de mortero autonivelante para dejarlo perfectamente liso. Con estos productos se obtienen capas con un espesor máximo de 3 cm, y en la mayor parte de las ocasiones necesitaremos obtener una superficie que tenga un grosor de entre 8 y 10 cm. Una buena solución es nivelar la superficie con hormigón, y a continuación colocar un suelo de baldosas mediante la técnica denominada “en seco”. Lo primero que hay que hacer es picar el suelo hasta una profundidad de entre 8 y 10 cm, en relación al límite máximo de la puerta. Después hay que verter el hormigón, para lo cual habrá que colocar en el piso unas cuñas de madera que nos ayudarán posteriormente a nivelar la superficie; estas cuñas, talladas en punta, se introducen en el suelo con un mazo o martillo. Deben tener una separación ligeramente menor a la de la regla de metal que se vaya a emplear para la nivelación. El hormigón se vierte directamente sobre el suelo; su consistencia no debe ser ni muy líquida ni muy compacta (proporciones: 5 sacos de arena y 7 de gravilla para 35 kg de cemento y 17,5 l de agua). El primer paso es verter una “fila” de hormigón entre las cuñas; deberá tener unos 25 cm de ancho. Esta hilera se nivela con la regla colocada sobre las cuñas, y se alisan los lados con una paleta, dejándolos ligeramente inclinados. Cuando las distintas filas empiecen a fraguar, hay que rellenar los espacios que quedan entre ellas, quitando las cuñas. Al final, para acabar de rastrelar toda la superficie, colocaremos unos listones de 3 cm de sección en el perímetro de la solera (que se mantendrán en su sitio con el mortero a medio fraguar), sobre los que deslizaremos la reglar con un movimiento de vaivén para igualar todo el lecho de hormigón. El siguiente paso es colocar las baldosas. Para ello, la solera debe estar perfectamente seca; habrá que esperar unas tres semanas. Sobre el hormigón fraguado y humedecido, se vierte el mortero en polvo; esta capa se nivela deslizando sobre ella la regla, empleando como base los listones que dejamos cuando nivelamos el hormigón. Cuando el mortero esté bien extendido, hay que preparar una masa mezclando 10 sacos de arena y un saco de cemento de 35 kg; a continuación, se vierte agua suficiente como para obtener una mezcla espumosa. Se vierte sobre el mortero en zonas de 1 x 0,60 m y se alisa con la paleta. El paso siguiente es mojar las baldosas (si el fabricante lo recomienda). Hay que golpearlas ligeramente con un mazo de caucho para que asienten bien y después volverlas a asentar, esta vez con el mismo mazo y un listón mártir de madera dura. Antes de pisar sobre el suelo, hay que esperar por lo menos un día; no hay que olvidarse, mientras se están poniendo las baldosas, de controlar su alineación con una regla cada dos filas colocadas.

Renovar las puertas de la vivienda es un trabajo que hay que tomarse con calma. La opción de arreglar o recuperar las ya existentes sólo merece la pena si son de buena calidad, realizadas en maderas nobles, antiguas o pertenecientes a algún estilo determinado. En caso contrario, sale más barato y resulta menos complicado sustituir las puertas ya existentes por nuevos modelos. El problema suele aparecer cuando queremos cambiar modelos viejos por otros más modernos, ya que los marcos normalmente no coinciden, al haber cambiado las medidas y dimensiones de las puertas. Entonces hay que sustituir todo el conjunto, para lo cual también habrá que adaptar las medidas del vano a las del nuevo marco. Para realizar estos trabajos lo adecuado es acudir a profesionales de las reformas, que nos garantizarán un resultado perfecto. Las nuevas puertas prefabricadas solucionan en gran medida casi todos los problemas que se pueden presentar. Las hay de dos tipos: en kit o tipo block. Las primeras se presentan en forma de conjunto de piezas y materiales (bisagras, herrajes, cercos…) que hay que ir acoplando progresivamente al vano de la puerta. En las de tipo block, la puerta viene ajustada al marco con las bisagras, y lo único que hay que hacer es acoplar éste al hueco. Por supuesto, antes de adquirir este tipo de puertas hay que tomar las medidas correspondientes; es importante tener en cuenta que dichas medidas sólo se pueden tomar una vez hayamos retirado la puerta antigua de su emplazamiento (junto con el marco). Entonces se miden la altura, el ancho y el espesor de la pared; también hay que comprobar si se trata de una puerta de apertura hacia la izquierda o hacia la derecha. Cuando ya se haya montado el marco en el hueco (si el suelo está bien nivelado, el ajuste no presentará problemas), hay que fijar el conjunto a la pared con una espuma adhesiva expandible. Estas espumas pueden ser de uno o de dos componentes; las de un componente son más baratas, pero, si la humedad del aire aumenta, pueden sobreexpandirse y deformar el marco. Las de dos componentes son más estables, ya que se endurecen mediante una reacción química; una vez aplicadas, en una hora habrá terminado el proceso de fraguado y la puerta quedará firmemente colocada, sean cuales sean las condiciones de humedad o térmicas del ambiente.