La Odisea de Ulises

La Odisea de Ulises

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Tira comica bricolaje

(“Me da igual si es único. Sigues siendo un idiota”)

Ulises se levantó una buena mañana y contempló animado el cielo que se mostraba por la ventana. Azul. La primavera prometía estar cerca, y a él el buen tiempo siempre le daba ganas de reformar. Reformar la casa por todas partes y dejarla como una patena, porque ¿no hay siempre algo que cambiar? Eso sí, hemos de decir algo sobre Ulises: las reformas le volvían loco, pero también hacer lo posible por ahorrarse hasta el último euro. A él no le estafaban cincuenta euros por cambiar una bombilla. Y aquella primavera, esto fue lo que le pasó…

El baño era la principal preocupación de nuestro amigo Ulises. Tan feo e incómodo, aunque su mujer le obligó a renovarlo el año pasado… Un dineral gastado, y total, para poner esos espantosos azulejos negros (antracita, decía ella) que ni siquiera estaban a nivel. Además, estaba seguro de que los albañiles que los colocaron (que por cierto no tenían pinta de albañiles ni de nada bueno) lo hicieron sin que antes el fontanero renovase las instalaciones. ¡Y eso que estaba en el presupuesto! Iban a cambiarlas por tuberías de plástico, lo último de lo último… Eso no se lo cree ni Blas, bueno, aparte de la ingenua de su mujer.

Ulises ya se había parapetado con su buzo último modelo y un cinturón de herramientas, igualito que el que llevaba Bill Cosby en “La hora de Bill Cosby”. Como un pincel. Aprovechando que estaba de vacaciones y que su mujer se había marchado unos días a ver a su madre, Ulises rondaba el baño buscando un punto por el que meter el escoplo. Vaya sorpresa le iba a dar: la instalación iba a quedar renovada de verdad, antes de que un día terminase por reventar. Y si ella quería azulejos negros, pues se los volvería a poner: ya había visto unos muy parecidos en el centro de bricolaje de la esquina, eso sí, muchísimo más baratos.

No esperó más. Ulises levantó el escoplo y el martillo, y le dio con ganas al espantoso azulejo que parecía provocarle con su presencia. “Vamos, tío. ¿A que no hay…?” Y el azulejo se quebró. Ulises no tenía miedo a dañar las tuberías: él sabía perfectamente por dónde van las instalaciones de su casa. Y de cualquier casa, puestos a saber. Si es que los profesionales le echan un cuento… Las reflexiones de Ulises quedaron interrumpidas cuando un chorro de agua salió a toda potencia del agujero y le quitó limpiamente el escoplo, el martillo y casi se lleva también su flamante cinturón.

¿Cómo terminó la odisea de Ulises? Pues la verdad, algo peor que la de Homero… En esta historia, la que volvió de su viaje fue Penélope, su mujer, para encontrarse con que su marido había tenido que volver a llamar a un profesional para que arreglase el desaguisado. ¡En su baño nuevo! Ahora, Penélope está pensando seriamente si mandar a Ulises de vuelta a la Guerra de Troya, cinturón incluido.

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