Energía geotérmica: calor a partir de la tierra

Energía geotérmica: calor a partir de la tierra

Ciertas fuentes de energía sostenibles, como la solar o la eólica, están a la orden del día a distintos niveles. Pero no son las únicas fuentes energéticas que podemos utilizar para calentar nuestros hogares o proveerlos de ACS (agua caliente sanitaria). Hay otras energías más desconocidas pero con un gran potencial: es el caso de la energía geotérmica, que aunque a día de hoy no está muy extendida (fundamentalmente por el alto coste de sus instalaciones), tiene un futuro brillante en lo que respecta a sostenibilidad.

El fundamento de esta energía es muy simple: la Tierra acumula calor a partir de cinco metros de profundidad, manteniendo una temperatura a lo largo del año de entre diez y dieciséis grados centígrados. Mediante un efecto denominado “efecto cueva”, es posible sacar esa energía de distintas formas. La más básica, un sistema llamado de baja entalpía, se basa en un circuito con una solución salina o anticongelante que se extrae a través de conductos; pero no es muy potente y muchas veces hay que apoyarlo con otras fuentes auxiliares.

El modelo más empleado utiliza una bomba de calor/frío muy parecida al de los sistemas de climatización habituales en las casas. En este caso, el mecanismo necesita menos “trabajo” para alcanzar los grados deseados; esto es así porque el punto de partida de la bomba geotérmica es de quince grados, con lo que su consumo energético es mucho menor. Su coeficiente de eficiencia puede llegar a ser del doble que el de los sistemas eléctricos.

Para alcanzar el calor bajo tierra hay que hacer una serie de perforaciones. Un terreno amplio permitirá instalar un sistema horizontal, a menos profundidad y en consecuencia más económico; pero el vertical, aunque es más caro, también logra temperaturas más estables. Dentro de estas perforaciones va instalada una red de tubos plásticos (por lo general de polietileno) con un líquido. El circuito va conectado a la bomba que será la que lo enfríe o caliente.

Al final, el frío o el calor llegan a aparatos estándar como conductos de aire acondicionado o fan-coils. En algunos lugares de Europa y EEUU es ya algo habitual; a pesar de su elevado precio, se calcula que en quince años se puede amortizar una instalación completamente.

Imagen / Ingelco.es.

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