El hombre que reformaba demasiado

El hombre que reformaba demasiado

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Así se quedó nuestro hombre de tanto pensar...
Érase una vez un hombre, conocido por todos o casi todos nosotros, que quiso cambiar su casa por una más grande, más soleada y, a poder ser, con barbacoa, pádel y bingo. El hombre, optimista donde los hubiere, acudió al banco con la idea de vender su casa y pedir un crédito para pagar el “poquito más” que costaba la nueva mansión de sus sueños. Craso error: sólo logró que en la entidad se partieran de la risa, y le suplicaran que volviera al día siguiente porque algunos compañeros estaban tomando el café y no habían escuchado el chiste. Así que nuestro hombre, inasequible al desaliento, tomó una decisión: pidió un préstamo personal de unos miles de euros y se metió de lleno en la tarea de reformar a fondo su casa.

Lo que tanta ilusión le hizo al principio y con tantos bríos comenzó a pergeñar, se convirtió poco a poco en un auténtico valle de lágrimas. Los permisos necesarios le perseguían por cada centímetro de obra, con impresos a presentar, pólizas a pagar, colas que hacer en los departamentos de urbanismo del ayuntamiento… La comunidad de vecinos de su inmueble sacó las espadas y le declaró la guerra sin cuartel, hasta que consiguió convencer a todos de que no iba a tocar las paredes maestras ni la fachada. Y por si esto fuera poco… Después vinieron las obras. Albañiles que no se coordinaban con electricistas y fontaneros, “profesionales” sin garantías, precios que subían y subían cada vez que había que añadir una baldosa a la cocina, “manitas” que no aparecían en tres días o que directamente se metían en otro trabajo al tiempo que hacían la obra de nuestro héroe…

Toda una procesión por el desierto, la reforma de nuestro hombre. Cuando la terminó, había perdido diez kilos, su novia le había dejado, le debía al banco casi el doble de lo que pensó al principio y ni siquiera sabía si le gustaba el color de los azulejos del baño… Y para rematar la faena, se enteró de que podía haber solicitado una subvención para pagar parte de la obra, pero ya era demasiado tarde.

Y todo, por no haber entrado en TuManitas.com, como le aconsejó su cuñado desde el principio. Un lugar donde encontrar a los mejores profesionales, serios y con todas las garantías; donde los presupuestos son los más baratos del sector y los más fiables; donde nuestros “manitas” cumplen como los buenos, y donde hay un humilde blog donde encontrar asesoramiento sobre subvenciones, permisos y los mejores materiales del mercado.

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Imagen: Cuatrodecididos.blogia.com.

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