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Restauración

En el post anterior hablábamos del barnizado a muñequilla, aprendiendo cómo se prepara la goma-laca y la madera a barnizar, y conociendo los materiales a emplear. Ahora conoceremos la técnica para aplicar el barniz.

En primer lugar, hay que dar dos o tres manos de goma-laca con brocha, bien extendida y en el sentido de la veta. En esta tarea emplearemos el primer día de barnizado. La goma-laca se aplica con la brocha, en el sentido de la veta, y se deja secar unas horas; cuando esté seca, se pule suavemente frotando con la lanilla en el sentido de la veta, se retira el polvo y se da otra mano. Así, hasta completar tres capas.

Al día siguiente, se vuelve a pulir la tercera capa con la lanilla; entonces, empezaremos el barnizado propiamente dicho. Hay que confeccionar una muñequilla con un trozo de tela de camiseta de algodón rellena con un poco de borra de lana o algodón; ponemos el relleno sobre el trapo, depositamos un poco de goma-laca en él y lo envolvemos en el trapo. Después, iremos extendiendo el barniz pasando la muñequilla sobre la madera previamente lacada, haciendo círculos en el sentido de la veta, y después extendiéndolo en zigzag. La muñequilla no debe estar muy seca ni muy cargada; aprender a controlar esto es característico de un profesional. Lo mejor para un aficionado es iniciarse en una madera inservible para aprender la técnica.

Cuando se hayan realizado unas cuantas pasadas, dejaremos secar el barniz durante una hora y después se pule de nuevo con la lanilla, en el sentido de la veta. En este momento, podemos extender un poco de polvo de piedra pómez sobre la superficie y después integrarlo en el barnizado pasando de nuevo la muñequilla con más goma-laca. Si vemos que se nos pega o no corre bien, habrá que mojar el relleno con un poco de alcohol.

El barnizado continúa de la misma manera, pudiendo durar varios días en el caso de muebles antiguos de maderas nobles. Cuando el barniz haya adquirido un brillo intenso, se puede pulir de nuevo con la lanilla, pero esta vez añadiendo un poco de aceite de vaselina para suavizar las pasadas de la muñequilla y sacarle brillo.

Y que no se te olvide: en TuManitas siempre podrás encontrar un barnizador profesional, que seguramente te hará el trabajo con todas las garantías y al mejor precio. ¿A que también es una buena idea?

Los buenos barnizadores siempre han sido unos profesionales difíciles de encontrar y su trabajo resulta bastante caro, debido a la complejidad y al tiempo que se tarda en realizar un barnizado a muñequilla clásico y con resultados óptimos. Esta técnica tiene siglos de antigüedad, y actualmente se realiza casi de la misma manera que cuando se inventó. Barnizar a muñequilla es complicado y, para hacerlo bien, se requieren años de experiencia y haber barnizado muchos muebles; eso sí, el resultado es realmente espectacular, y un buen barnizado puede durar muchísimos años en perfecto estado simplemente limpiándolo de vez en cuando con una gamuza (¡eso sí, nunca lo mojes con agua!).

Para barnizar una madera limpia, es decir, con el poro abierto, es recomendable primero cerrarlo aplicando una mano de tapaporos rebajado al 50% con disolvente nitro; cuando esté seco, hay que frotar la superficie con lanilla de acero nº 000 para pulirla bien. Después se quita el polvo, dejando la madera lista para su acabado.

La goma-laca es el barniz empleado habitualmente para barnizar a muñequilla. Se trata de una resina animal, segregada por un insecto (cochinilla) y que se compra en forma de escamas. La hay de distintas calidades y grados de pureza: descerada, naranja, limón, oscura… Todas ellas son de buena calidad y ofrecen estupendos resultados. Para preparar el barniz, primero se coloca en un bote de cristal amplio y se cubre con alcohol desnaturalizado, de 96º o especial para barnizar, en una proporción de 1/3 en volumen (1 parte de gomalaca y tres de alcohol); esta mezcla se deja hidratar durante un día, agitándola de vez en cuando. Al día siguiente, cuando la goma-laca ya se ha disuelto, se filtra con una media y está lista para trabajar.

Algunas personas calientan la goma-laca al baño María para acelerar el proceso y poder emplear el barniz de inmediato; esto se puede hacer sin problemas, pero después la goma-laca tiende a estropearse, ya que se oscurece y no es posible volverla a emplear.

El resto de los materiales a emplear son: una brocha ancha y plana de buena calidad, alcohol, polvo de piedra pómez, trapo de algodón (los mejores son los de camisetas viejas, blancos y sin dibujos), borra de lana o algodón hidrófilo, lanilla de acero nº 0000 y aceite de vaselina. Todos estos materiales se pueden conseguir en centros de bricolaje, droguerías especializadas y almacenes de pinturas (los más baratos).

Hoy vamos a hablar un poco de bricolaje, porque hace tiempo que no dedicamos una entrada a los lectores aficionados a las tareas de reforma o de construcción para la casa. En concreto nos centraremos en el campo de la carpintería, que no en vano es uno de los más atractivos para cualquier «bricolajero» que se precie. A la hora de construir un mueble o estructura de madera (y también cuando queremos reforzarlo), las espigas de madera (también llamadas «tubillones») son una ayuda inapreciable. Las espigas en cuestión consisten en pequeños cilindros de madera dura (generalmente, de haya), con una longitud de unos 8 cm y que se presentan en varios diámetros, similares a los de las brocas del taladro. La superficie exterior de las espigas está acanalada, para que, cuando se introduzcan en un agujero con cola, el adhesivo sobrante pueda fluir hacia el exterior; además, las acanaladuras sirven también para mejorar el agarre de la madera. Los extremos suelen estar biselados para que resulte más fácil su inserción en los agujeros practicados con el taladro.

Cuando queramos reforzar una estructura pegada con cola, podemos hacerlo con clavos, tornillos o espigas. Las uniones con espiga son más estéticas, ya que pasan prácticamente inadvertidas; eso sí, las uniones realizadas con ellas no podrán desmontarse en el futuro. Estas uniones pueden llevar espigas vistas (como la que se está realizando en la imagen) o invisibles. Para hacer una unión con espiga vista, hay que taladrar el agujero desde fuera, meter la espiga con cola, serrarla y lijarla para enrasarla con la madera. Las uniones invisibles son más difíciles; tendremos que taladrar agujeros ciegos (no pasantes) desde el interior de la unión, de manera que coincidan exactamente (para lograrlo nos podemos ayudar con marcadores de espiga o con una plantilla), para luego introducir la espiga con cola en ambos, consiguiendo que ésta quede dentro de la unión y sus extremos no se vean desde fuera.

Las espigas se venden en las ferreterías en pequeñas cajas, pero también las podemos hacer nosotros mismos con listones de madera dura. Para ello, sujetaremos el listón en un banco de trabajo en posición horizontal e iremos rebajando las aristas con un cepillo de carpintero, hasta obtener un cilindro. Los bordes biselados se pueden conseguir pasando un taco de lijar o una lijadora.espigas-madera1

Cuando queremos cambiar el color de algún mueble, muy a menudo empleamos productos que no son los más indicados y al final nos sorprendemos por que el resultado no es el que nosotros esperábamos. Para cambiar el tono de las maderas lo mejor es emplear tintes específicos, que, bien empleados, nos proporcionarán un acabado de profesional.Antes de proceder a teñir una madera, es importante saber que debe estar limpia y sin barnizar, ya que la superficie ha de ser porosa para absorber el agua o el disolvente y dejar que se deposite el color en las fibras. Un mueble mal decapado quedará lleno de manchas y cercos, y el resultado será un desastre. Es recomendable lijar suavemente la madera limpia con una lija del nº 280 y en el sentido de la veta antes de teñirla, prestando especial atención a las uniones (en ellas se suelen acumular restos de cola, que no absorben el color) y los nudos resinosos.Los tintes que se utilizan en restauración de muebles son de varios tipos:– Anilinas. Pueden ser al agua o al alcohol. Son pigmentos naturales que se comercializan en forma de polvos, en pequeños sobres; la más conocida es la nogalina, derivada del nogal. Se disuelven en agua caliente o alcohol de 96º en la proporción deseada (es aconsejable hacer pruebas), y, una vez disueltas, hay que filtrarlas con una gasa para eliminar los grumos e impurezas. Se deben aplicar sobre la madera limpia, y la mejor forma de hacerlo es con un trapo de algodón que no suelte pelo o una esponja escurrida (así evitaremos dejar marcas de brocha). Las anilinas al alcohol se pueden usar para colorear barnices de goma-laca. Estos pigmentos no ofrecen protección, sino solamente color; después de aplica una anilina al agua hay que dar una o varias manos de goma-laca, tapaporos, barniz o cera; si se ha utilizado anilina al alcohol, sólo pueden emplearse barnices o ceras.– Tintes al agua preparados. Son anilinas que se comercializan ya disueltas en pequeños frascos. Tienen la ventaja de estar ya preparadas, pero salen bastante más caras y hay menos tonalidades. También se deben barnizar.– Tintes al disolvente. Más espesos que los tintes al agua, se presentan en botes de varios tamaños. Siempre deben aplicarse con trapo. Se utilizan para teñir maderas que no absorban bien los tintes al agua, porque su poder cubriente es mucho mayor. También son eficaces para dar pequeños toques sobre muebles barnizados o encerados, y con ellos se pueden colorear barnices de tipo sintético (cuando se mezcle un barniz con un tinte, después hay que filtrar siempre la mezcla con una gasa o una media). Pueden dejarse sin barnizar, aunque es recomendable hacerlo.– Barnices-tinte. Son barnices sintéticos ya coloreados. Se emplean para dar color, protección y brillo de una sola vez; no hay que barnizar después de darlos. Pueden ser eficaces como medida puntual, pero cuando se aplican suelen quedar marcas de brocha, y los colores y acabados no resultan muy naturales. Su mayor ventaja es que ahorran tiempo, pero, en nuestra opinión, merece la pena trabajar un poco más para obtener un resultado del que nos podamos sentir orgullosos. 

Los muebles antiguos son un tesoro a conservar y cada vez son más apreciados por decoradores e interioristas. Sin embargo, para mantenerlos en buen estado hay que someterlos a intervenciones periódicas, ya que, debido a su antigüedad, pueden terminar por deteriorarse sin remedio. Uno de los peligros más acuciantes que acecha a la madera es el ataque de la carcoma, vulgarmente llamada polilla: los muebles presentan unos diminutos agujeros que desprenden serrín y pueden terminar por debilitar toda la estructura del objeto, haciendo imposible su recuperación.
La carcoma es el nombre común de un insecto coleóptero (anobium punctatum, que excava galerías en la madera para depositar sus huevos. De éstos salen las larvas, que se alimentan de la celulosa presente en las fibras, excavando nuevas galerías para salir al exterior en forma de insectos totalmente desarrollados que se reproducirán para comenzar de nuevo el proceso. La reproducción y puesta de huevos tiene lugar durante la primavera, lo que significa que es el mejor momento para eliminar la carcoma de nuestros muebles.

carcoma madera

Para ello necesitaremos el siguiente material:

– Jeringuillas de plástico de 5 cc

– Líquido matacarcomas (es más efectivo que los aerosoles)

– Hojas de plástico resistentes

– Cinta adhesiva de embalar

– Algodón

– Brocha

Lo primero que hay que hacer es inyectar el líquido matacarcomas por todos y cada uno de los agujeritos que encontremos. Si rebosa y mancha el barniz, lo retiraremos inmediatamente con un paño. Las partes interiores deben tratarse a fondo, ya que la carcoma prolifera con la oscuridad y la humedad; es recomendable “pintar” estas partes con el líquido y la brocha, una vez inyectados todos los agujeros. Cuando nos hayamos asegurado de que el mueble ha sido desinfectado, procederemos a envolverlo con los plásticos y la cinta, dejando dentro unas bolas de algodón empapadas en el líquido. Por último, sellaremos las uniones con la cinta y dejaremos el mueble en cuarentena durante un mes para asegurarnos de su total desinfección. Cuando lo desenvolvamos, es importante comprobar periódicamente si de los agujeros sale serrín, lo que indicaría que los insectos han vuelto a atacarlo y hay que repetir el tratamiento.