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Pavimento Zeus Extreme, de Silestone
Pavimento Zeus Extreme, de Silestone

Los pavimentos de nuestras casas suelen estar revestidos con los materiales “de toda la vida”: madera, tarima, cerámica, vinílicos… Los más actuales se decantan también por soluciones como los laminados o los suelos de cemento pulido. Pero hay más opciones en cuanto a decoración se refiere. Todos conocemos las encimeras sintéticas realizadas con resinas acrílicas y polvo de cuarzo; los primeros en fabricarlas e instalarlas fueron los de Silestone by Cosentino, y después siguieron otras empresas como DuPont y su material Corian. Pues bien: estos atractivos materiales no sólo sirven para colocar en las encimeras de las cocinas o bajo los lavabos, sino que son una estupenda opción en cuanto a pavimentos se refiere.

Los suelos de Silestone, concretamente, constan de baldosas del material colocadas con juntas para evitar problemas de dilatación. Para instalarlos, es fundamental que el soporte sea muy estable, esté perfectamente plano (no debe tener desniveles de más de 3 mm, medidos con reglón de 2 metros) y se encuentre perfectamente limpio y seco. Las baldosas se pegan a la base con un cemento-cola específico y flexible, con un coeficiente de dilatación adecuado al material; este adhesivo se extiende sobre el suelo a revestir con una llana, empleando siempre la parte dentada de la herramienta. También hay que aplicar el producto en la base de las baldosas, en este caso con el canto liso de la llana. Las piezas se pegan al suelo como cualquier otro tipo de baldosa, asentándolas bien y golpeándolas ligeramente con un mazo de caucho y un taco mártir hasta conseguir que queden bien ajustadas. Entre las piezas hay que poner crucetas de plástico para marcar las juntas y evitar que las baldosas queden totalmente pegadas, lo que puede provocar resquebrajamientos por motivo de los movimientos de dilatación del material.

Las juntas deben tener un ancho de entre 3 y 6 mm, dependiendo del tamaño de las piezas a colocar (que está entre 30 x 30 c y 60 x 60 cm). Antes de rellenarlas, deben estar perfectamente limpias, y para hacerlo hay que usar un producto especial para dicho cometido. No hay que olvidarse de limpiar bien los restos de producto de las baldosas antes de que se seque.

Para finalizar el trabajo, es recomendable limpiar todo el pavimento con un limpiador especial suministrado por la misma firma, llamado Cleanstone, de Cosentino.

Quizás haya algún “manitas” que se anime a poner su propio suelo de Silestone… Pero hay que tener en cuenta que se trata de un material delicado y no precisamente económico, por lo que, probablemente, lo mejor será encargarle la obra a un profesional competente. ¡Busca el tuyo en TuManitas!

Renovar las puertas de la vivienda es un trabajo que hay que tomarse con calma. La opción de arreglar o recuperar las ya existentes sólo merece la pena si son de buena calidad, realizadas en maderas nobles, antiguas o pertenecientes a algún estilo determinado. En caso contrario, sale más barato y resulta menos complicado sustituir las puertas ya existentes por nuevos modelos. El problema suele aparecer cuando queremos cambiar modelos viejos por otros más modernos, ya que los marcos normalmente no coinciden, al haber cambiado las medidas y dimensiones de las puertas. Entonces hay que sustituir todo el conjunto, para lo cual también habrá que adaptar las medidas del vano a las del nuevo marco. Para realizar estos trabajos lo adecuado es acudir a profesionales de las reformas, que nos garantizarán un resultado perfecto. Las nuevas puertas prefabricadas solucionan en gran medida casi todos los problemas que se pueden presentar. Las hay de dos tipos: en kit o tipo block. Las primeras se presentan en forma de conjunto de piezas y materiales (bisagras, herrajes, cercos…) que hay que ir acoplando progresivamente al vano de la puerta. En las de tipo block, la puerta viene ajustada al marco con las bisagras, y lo único que hay que hacer es acoplar éste al hueco. Por supuesto, antes de adquirir este tipo de puertas hay que tomar las medidas correspondientes; es importante tener en cuenta que dichas medidas sólo se pueden tomar una vez hayamos retirado la puerta antigua de su emplazamiento (junto con el marco). Entonces se miden la altura, el ancho y el espesor de la pared; también hay que comprobar si se trata de una puerta de apertura hacia la izquierda o hacia la derecha. Cuando ya se haya montado el marco en el hueco (si el suelo está bien nivelado, el ajuste no presentará problemas), hay que fijar el conjunto a la pared con una espuma adhesiva expandible. Estas espumas pueden ser de uno o de dos componentes; las de un componente son más baratas, pero, si la humedad del aire aumenta, pueden sobreexpandirse y deformar el marco. Las de dos componentes son más estables, ya que se endurecen mediante una reacción química; una vez aplicadas, en una hora habrá terminado el proceso de fraguado y la puerta quedará firmemente colocada, sean cuales sean las condiciones de humedad o térmicas del ambiente.

suelos laminados parquetsHan sido una auténtica revolución en el campo de los pavimentos. Los suelos laminados están cada vez más presentes en todos los espacios, siendo protagonistas de excepción en locales comerciales (sobre todo en sus líneas específicas para este tipo de lugares, más resistentes y con más años de garantía) y en cada vez más viviendas. Su estructura y composición se basa en una serie de capas de distintos materiales, revestidas por una lámina (de ahí su nombre) de celulosa que imita diferentes acabados: madera, baldosas, cemento pulido… Esta lámina se encuentra protegida por una capa plástica que aporta una extrema resistencia y durabilidad a los suelos. La capa base se compone de un compuesto aglomerado, por lo general de tipo DM (densidad media), sobre la que se pega la lámina celulósica con un adhesivo especialmente resistente.

Las tablillas de aglomerado llevan a ambos lados un sistema machihembrado a base de ranura y lengüeta. Al principio, estas tablillas se colocaban con cola vinílica, encajando las ranuras en las lengüetas para ir formando el suelo; actualmente, los sistemas de clic han desbancado prácticamente a los anteriores. Con estos sistemas ya no es necesario aplicar adhesivo, ya que las lengüetas encajan en las ranuras de manera que quedan “apresadas” por éstas, evitando los desplazamientos y posibles separaciones entre piezas.
Para obtener un resultado perfecto a la hora de colocar un suelo laminado, lo mejor es acudir a un profesional, que lo hará rápidamente y con garantías. Sin embargo, los “manitas” más avezados pueden atreverse a instalarlos ellos mismos. Lo primero que hay que hacer es desempaquetar el material y colocarlo en la habitación donde se va a instalar durante 48 horas, para que se ajuste a las condiciones térmicas y de humedad. Sobre el suelo original (que debe estar nivelado) hay que extender una lámina aislante para “acolchar” la tarima y evitar que pasen el frío o la humedad del pavimento. Después se empiezan a poner las tablillas comenzando por la pared que esté frente a la entrada de luz (ventana), y con el lado de la ranura hacia la pared. Las tablillas se van encajando unas con otras tras haberlas cortado con una sierra circular o de calar, golpeándolas con cuidado con un mazo y un taco de plástico ranurado. En el perímetro de la habitación hay que dejar un espacio de unos 5 mm para que las tablillas puedan dilatarse y contraerse sin levantarse por el centro; para ello, se colocan una serie de cuñas plásticas a intervalos entre las tablas y la pared (todos estos materiales se venden en kit en centros de bricolaje y establecimientos de suelos). Para terminar, habrá que encajar las últimas piezas con el resto; para ello, tras haberlas cortado longitudinalmente a la medida, emplearemos una palanqueta en forma de Z (incluida también en el kit) para tirar de la tablilla hacia el centro de la habitación. Es el momento de quitar las cuñas perimetrales; el hueco resultante se ocultará de manera eficaz con un rodapié a juego con el pavimento.

Los muebles de las cocinas, por lo general, suelen estar hechos con tableros aglomerados revestidos de una capa celulósica llamada melamina. Esta capa les aporta color y protección; su mayor virtud estriba en que resulta muy resistente y fácil de limpiar. Normalmente, cuando nos cansamos de este tipo de muebles o están ya deteriorados, optamos por cambiarlos por otros nuevos; sin embargo, para poder ahorrarnos un dinero y obtener unos resultados más que notables, podemos liarnos la manta a la cabeza y renovarlos totalmente. ¿Parece mentira, verdad? Pues hay gran cantidad de materiales disponibles en los centros de bricolaje y almacenes de pintura, listos para que los actualicemos nuestros muebles sin gastar ni un euro de más.

cocina muebles restaurados

Los materiales necesarios para llevar a cabo esta renovación son los siguientes:

– Cinta de carrocero

– Imprimación (selladora sintética o imprimación especial para superficies plásticas)

– Esmalte-laca o esmalte acrílico

– Lija del nº 400

– Rodillo de esmaltar con recambios

– Aguarrás o disolvente

– Brocha plana de buena calidad

Si es posible, siempre ayuda mucho al trabajar el desmontar las puertas de los muebles; así se pueden colocarlas en horizontal para pintarlas cómodamente, y no se correrá el riesgo de manchar el resto de las superficies. De todas formas, no hay que olvidarse de proteger con cinta de carrocero las zonas que no vayamos a pintar.
Si aplicamos una imprimación de buena calidad sobre la melamina, no será necesario lijar la superficie para hacerla más rugosa y mejorar el agarre. Dicha imprimación se aplica con un rodillo de esmaltar, bien extendida; lo mejor es dar dos manos, dejando secar bien entre capa y capa. Después habrá que lijar suavemente el producto ya seco para que quede liso y pulido, y a continuación se procederá a aplicar una mano de esmalte-laca o esmalte sintético. Cada producto tiene sus pros y sus contras: el esmalte-laca es más resistente y cubre perfectamente la superficie, pero tarda más en secar, desprende olor fuerte y hay que limpiarlo con disolvente (los recambios del rodillo sólo se pueden emplear una vez). El de tipo acrílico se limpia con agua y no desprende olor, además de secarse con rapidez; sin embargo, es menos resistente a las limpiezas y los arañazos.
Independientemente del producto que escojamos, es importante aplicar un mínimo de tres capas, lijando con cuidado entre ellas. Para pulir la capa final hay que lijarla de nuevo con suavidad (se puede humedecer la lija en agua jabonosa para evitar rayones y el desprendimiento de polvo) y dar una mano muy extendida de cera incolora, que habrá que pulir con un paño transcurridas dos horas. Después de este tratamiento, y si además cambiamos los pomos o tiradores por modelos más modernos, los muebles de nuestra cocina resplandecerán como nuevos, listos y actualizados para resistir el paso del tiempo durante unos cuantos años más.