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grifoHay pocas cosas más molestas que un grifo que pierde agua, si la goma está verdaderamente desgastada, abrirlo será un horror porque saldrá agua para todos lados. Si simplemente gotea, es molesto pero se sobrelleva. De todas formas no tienes por qué estar sufriendo por estas pequeñeces, tienen una solución muy simple. Hoy te explicamos cómo arreglar el grifo para que no tengas que gastar demasiado dinero llamando al fontanero. Realmente es un desperfecto que no necesita que nadie te lo haga, tú mismo en pocos minutos lo conseguirás.

Grifo con mandos giratorios

En primer lugar corta la llave de paso, evitarás que salga agua a chorro cuando quites el grifo. Para desmontar los mandos tienes que ser algo observador y probar varias técnicas. Puede que tu grifo tenga un indicador de caliente- frío en cada mango, debajo de cada color suele haber un tornillo. Si no es el caso, puede ser que sea tirando de cada mango, no hagas demasiada presión si ves que no sale, es porque tiene un tornillo. Ahora te encontrarás un tuerca, quítala con una llave inglesa, se delicado para no dañar la rosca.

Quita ambos mangos, saldrá un cartucho en cada uno. Si el agua te sale por los laterales del grifo, debes cambiar la goma. Si por el contrario gotea directamente del grifo, no tendrás más remedio que cambiar los cartuchos.

Grifo monomando

Si tu grifo es monomando la cosa cambia un poco. Busca el embellecedor de la temperatura y haz palanca con un destornillador plano para sacarlo. Debajo estará un tornillo, lo más probable es que el mecanismo para abrirlo necesite una llave Allen. Gira un poco para desenroscarlo, cuando lo hayas abierto te encontrarás otro mecanismo que parece cerrado. Deberás probar, ya que varía según el modelo. Lo primero gíralo para ver si es de rosca, si no sale, haz sin miedo, una presión en palanca.

Una vez hecho, necesitarás la llave inglesa para desenroscar la siguiente pieza. Ahora te encontrarás el cartucho, sácalo tirando de él y cámbialo. Para colocarlo fíjate bien en las piezas de sujeción que hay, deben quedar perfectamente ancladas o saldrá agua. Así que asegúrate de que queden bien.

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Para medir el grado de limpieza de una casa, observa sus grifos. Son un claro signo de limpiezas profundas y esterilizadas. Al estar en contacto con líquidos de toda índole constantemente, además del vaho que se forma al ducharnos, son un blanco perfecto para la acumulación de bacterias y humedades. Dan una impresión de dejadez si no están limpias. Para ayudarte, te indicamos unos procedimientos que tendrás que incorporar a la rutina de limpieza, si no diaria, al menos quincenal. Si sigues nuestras indicaciones, tus grifos parecerán siempre nuevos, como recién sacados de fábrica.

Cal

En lugares de agua muy dura, la cal hace estragos en la grifería. En cuanto se seca, quedan las gotas tatuadas dejando un aspecto mate y descuidado. Hazte con un buen antical, pulveriza hasta cubrir toda la pieza, deja actuar unos minutos y aclara con una bayeta. Notarás la diferencia al instante.

Aireador

Cuando veas una capa blanca de cal endurecida cubriendo el aireador o te percates de que el chorro es más fino de lo habitual, o incluso, que abriendo el grifo, el agua no cae, es que ha llegado la hora de que lo desenrosques, y de que introduzcas la pieza en una cubeta con agua caliente y vinagre. Actuará toda la noche y cuando lo vuelvas a colocar, creerás lavarte el pelo bajo unas cataratas y fregarás los platos en un periquete.

Humedades

Elimina los rastros de humedad acumulados en la base cubriéndolos con un producto amoniacal, dale un tiempo para que haga efecto y aclara muy bien con una bayeta para evitar desperfectos en el material. En caso de que quede algún resto resistente, repite la operación. Después, para evitar que se vuelva a hacinar, procura secar los alrededores de los grifos cuando acabes de usarlos.

La clave es mantenerlos limpios y utilizar los productos adecuados para su higiene. Conservarlos secos y ser persistentes en el cuidado garantizarán que tus grifos luzcan brillantes y lustrosos. Al principio cuesta coger el hábito pero pronto te preguntarás cómo podías vivir con tanta suciedad rondando por los lugares donde limpiabas la vajilla con la que comes y bebes y donde te lavabas las manos con las que realizabas esas acciones.