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Albañileria

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profesionales de la construcción

Los trabajos de la construcción son unos de los menos valorados en la actualidad. Son muchas las personas que opinan que son trabajos muy fáciles que cualquiera podría desempeñar. Obviamente esto no es cierto. Tal como ocurre con otros muchos trabajos los trabajos de la construcción son más complejos de lo que podrían parecer. Además el “saber hacer” en estos casos es algo muy importante.

Confiar en los profesionales

En épocas de crisis económica, como la actual, es bastante habitual que todos intentemos ahorrar al máximo. Se trata de un comportamiento lógico y totalmente comprensible. Esto nos puede llevar a tratar de realizar tareas para las que no estamos preparados. Afortunadamente a día de hoy contamos con un gran volumen de material (libros, tutoriales,…) que nos enseñan a realizar cualquier tipo de trabajo. Sin embargo, en ocasiones, conviene que reconozcamos nuestras propias limitaciones y contratemos a un profesional.

Los trabajos implicados en la construcción de una casa son muy variados y es difícil encontrar a una única persona que sea capaz de realizarlos todos. Aunque algunas de estas tareas son más asequibles conviene que para los trabajos más complejos confiemos siempre en los profesionales. A continuación presentamos algunos de estos trabajos.

Albañilería

Aunque a simple vista puede parecer un trabajo muy sencillo no lo es. Recuerda que un muro debe estar totalmente recto y debe ser resistente y duradero. Son muchas las personas que tratan de realizar las labores de albañilería por su cuenta y riesgo y que más tarde necesitan contratar a un profesional. Este tipo de comportamiento únicamente te hará perder tu tiempo y gastar más en materiales.

Electricidad

Los trabajos eléctricos ya son otra cosa. Nos encontramos ante un tipo de trabajo que exige más conocimientos teóricos que el anterior. Además, como a todos nos enseñan desde niños, la electricidad puede ser algo muy peligroso por lo que es mejor dejarlo en manos de un profesional.

Fontanería

Los trabajos de fontanería también son bastante importantes y no son los más sencillos de llevar a cabo. Un buen fontanero puede realizar su trabajo de forma mucho más rápida y eficiente que cualquier aficionado. Recuerda que no solo ganarás tiempo sino también calidad, algo muy importante a la hora de pensar en los futuros trabajos de mantenimiento.

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albañileria

La albañilería es la profesión que se encarga de realizar edificaciones y construcciones de todo tipo. Para realizar estos trabajos los albañiles o profesionales de la albañilería utilizan materiales muy variados como el ladrillo, la piedra o el cemento.

A día de hoy la albañilería es una profesión importantísima ya que la mayor parte de los edificios (viviendas, hospitales, escuelas,…) se fabrican de este modo.

Tipos y variedades de albañilería

Cuando hablamos de tipos de albañilería solemos referirnos, habitualmente, a tres variedades. Esta variedades, o tipos, están determinadas por los diversos proyectos de cálculo de estructuras y de arquitectura y son los siguientes:

  • Albañilería simple: la albañilería simple es aquella que asociamos inmediatamente al tipo de construcción más tradicional. En su momento este tipo de albañilería que desarrollada a través de la experimentación. Existían varios materiales y había que tratar de construir paredes fuertes y resistentes capaz de sostener el peso de sus techumbres y que fueran duraderas en el tiempo. Obviamente todo este proceso que hoy nos resulta tan natural se perfeccionó a lo largo de los siglos si bien los principios técnicos son los mismos que los de aquella época. La albañilería simple se caracteriza por el uso único de ladrillo y argamasa.
  • Albañilería armada: la albañilería armada es algo mucho más reciente que la que comentábamos con anterioridad. Este tipo de albañilería se caracteriza por la utilización de estructuras de acero como refuerzo en la construcción. El acero funciona a modo de tensor (cuando se coloca de forma vertical) o de refuerzo (si se coloca horizontalmente). Todos estos refuerzos se colocan estrategicamente a lo largo de la superficie y descansan, directamente, sobre los cimientos o los pilares de construcción. El desarrollo de este tipo de albañilería ha sido fundamental en la historia de la arquitectura ya que estas paredes reforzadas pueden aguantar mucho más peso y permiten realizar algunas construcciones que eran de todo imposibles con el sistema de albañilería simple.
  • Albañilería reforzada: por último la albañilería reforzada, o confinada, es aquella que presenta a modo de refuerzos elementos como cadenas o pilares. Es bastante similar a la anterior.

En nuestra anterior entrada hablábamos de cómo se maneja una hormigonera para preparar argamasas y hormigón para obras. Las mezclas que se pueden hacer empleando cemento, áridos, arena, cal, agua y otros aditivos son muy variadas, y sus proporciones e ingredientes cambian dependiendo del tipo de obra o reparación que se vaya a llevar a cabo. Un detalle muy importante antes de empezar a trabajar con cemento es colocarse guantes y manga larga; aunque no lo parezcan, estos materiales son abrasivos y terminan por atacar a la piel.

Mortero de cal: para revoques y obras de interior. Verter en el cubo 1 parte de cal y añadir 3 de arena seca. Incorporar 1 parte de agua poco a poco, removiendo continuamente.

Mortero de cemento: para revoques interiores y exteriores, reparaciones y obra de exterior. Verter en el cubo 1 parte de cemento y añadir 4 de arena seca. Incorporar 1 parte de agua poco a poco, removiendo continuamente.

Hormigón: mezcla para cimientos y estructuras maestras. A veces ser refuerza con varillas de hierro (hormigón armado).Mezclar 4 partes de gravilla con 2 partes de arena, todo bien seco. Añadir 1 parte de cemento y mezclar en seco. Incorporar 1 parte de agua poco a poco y mezclar bien.

Mortero M-40: para revoques exteriores y aglomerante para ladrillos de exterior e interior. Verter en el cubo 1 parte de cemento, y añadir 3 partes de cal y 10 partes de arena. Incorporar 3 partes de agua poco a poco, removiendo continuamente.

Cemento rápido: para trabajos de poca envergadura. Hay que emplearlo de inmediato, ya que fragua en 2 o 3 minutos. Verter 1 parte de agua en un recipiente pequeño e incorporar 2 partes de cemento poco a poco, removiendo con una paleta.

Yeso de enlucir: para pequeños trabajos de enlucido, revestimiento de interiores y rellenado de grietas, desconchados, etc. Se hace igual que el cemento rápido, sustituyendo el cemento por yeso. Fragua más lentamente y hay que removerlo con fuerza para evitar que se formen grumos.

Aunque los morteros y las argamasas para construcción pueden prepararse en un cubo, cuando se van a realizar obras de cierta envergadura lo mejor es contar con una hormigonera. Estas máquinas facilitan la preparación de las mezclas y con ellas se puede contar con gran cantidad de material. Además, no es necesario comprar una ya que se pueden alquilar en establecimientos especializados durante un día o un fin de semana. La hormigonera dispone en el interior de la cubeta de unas palas que ayudan a mezclar los componentes de la mezcla; el motor de la máquina acciona la cubeta mediante un piñón, que engrana sobre la corona dentada externa. El volante exterior permite colocar la cubeta en posición de trabajo, pero también sirve para volcarla cuando necesitamos verter la argamasa. Accionando el pedal, la cubeta queda bloqueada en la posición adecuada. Para empezar a realizar una mezcla, hay que verter en la máquina entre la mitad y 1/3 del agua necesaria para el mortero, y después se añaden los áridos (gravas), sin introducir nunca las manos en el interior. Entonces hay que empezar a hacer girar la máquina para que la grava quede bien mojada. Después, empleando un cubo o una pala, se añadirá el cemento en la proporción prevista; entonces dejaremos girar otro poco la máquina para conseguir que el polvo se diluya y se reparta perfectamente alrededor de la grava. Seguiremos añadiendo arena, también con el cubo o la pala; pero ¡mucho cuidado! Nunca hay que introducir la pala en la boca de la cubeta mientras la máquina esté en marcha, ya que puede resultar muy peligroso. Mientras vigilamos que los componentes de la argamasa se estén mezclando bien, vertiremos un poco más de agua sin sobrepasar la cantidad necesaria. Entonces, la máquina tendrá que girar durante 2 minutos para conseguir una mezcla homogénea. El hormigón debe estar compacto y húmedo, pero sin chorrear agua; cuando cojamos un poco en la mano, la mezcla deberá mantener su forma y su humedad, pero no soltar agua. Por último, ya sólo queda girar el volante para verter el hormigón en la carretilla,  un cubo grande o el área destinada a la obra; nunca hay que parar la máquina antes de que se vacíe del todo. Es importante limpiar bien la hormigonera, dejándola funcionar con tan sólo agua y grava en su interior. Después la dejaremos en un lugar seco, con la boca de la cubeta dirigida hacia el suelo.

La rehabilitación de un pavimento es un trabajo de bastante envergadura, tanto si se trata de un suelo de interior como si es para exterior. El material que se vaya a emplear para volver a pavimentar la zona depende de muchas variables: la resistencia que se quiera obtener, el estado en el que se encuentre el suelo sobre el que se vaya a colocar, el aspecto estético, el presupuesto… Los pavimentos impresos pueden constituir una estupenda solución para este tipo de trabajos. Son económicos, duraderos y hay muchos acabados para escoger. Incluso se pueden aplicar en interiores de viviendas. Actualmente, la firma Teais ha desarrollado un nuevo producto muy fácil de utilizar y con resultados sorprendentes, perfecto para rehabilitaciones. Se llama Durimpres Rehabilitación y es un pavimento de realización in situ que se presenta en polvo para ser mezclado con agua. Una vez formado el mortero, sólo hay que extenderlo entre guías dejando un espesor medio de entre 15 y 20 m, sin necesidad de puentes de unión. Como en este caso estamos hablando de tareas de rehabilitación, cuando se va a extender sobre soleras de hormigón, es necesario primero corregir los posibles defectos y grietas que presente la base; para ello, habrá que verter previamente un mortero autonivelante que dejará la superficie lista para recibir el pavimento definitivo. Una vez extendido el producto, hay que dejarlo adquirir consistencia, pero sin que llegue a endurecerse; entonces se espolvorea toda la superficie con un desmoldante (la misma firma dispone de un producto adecuado llamado Desmol), y entonces se procede a imprimir los motivos definitivos con unos moldes de goma específicos. Los moldes se retiran para dejar al descubierto el suelo ya impreso, con la superficie imitando baldosas o adoquines. Para terminar, y una vez bien endurecido, hay que barrer el suelo o aspirarlo y proceder después a chorrearlo con agua a presión. No hay que olvidarse de marcar o cortar en él una serie de juntas de retracción; pueden hacerse en seco o cuando el producto aún no ha terminado de fraguar. También es recomendable protegerlo con una resina especial (por ejemplo, Resimpress A o Resimpress D, también de Teais). 

Los cementos son productos fundamentales en los campos de la albañilería, la construcción y las reformas. Forman parte de las argamasas que mantienen unidas las piezas en muros, paredes y forjados, y también son indispensables para el hormigón de las soleras y los cimientos. Sin embargo, no existe un único tipo de cemento; dependiendo de la aplicación, podemos encontrarnos con varios materiales, y conviene saber cuáles son los más empleados y para qué sirve cada uno.Los cementos más habituales son los de tipo Portland (así llamados porque, al fraguar, el material resultante adquiere el aspecto calcáreo de las rocas características de la ciudad inglesa de Portland). Son los más corrientes en construcción, y también los más resistentes. Los cementos Portland grises son los más fuertes de todos. Se suelen utilizar para construir columnas, vigas y elementos estructurales y de soporte. Estos materiales, dada su fuerza y durabilidad pueden combinarse con otros elementos para obtener morteros y hormigones. Los cementos Portland blancos son menos resistentes y se usan habitualmente para acabados, como materiales de base en la fabricación de piezas para decoración, para aglutinar fibras de madera en tableros aislantes (tipo Celenit) y como parte de la fabricación de pavimentos.Otro tipo de cemento, muy conocido y empleado por los amantes de bricolaje y los profesionales de las reformas, es el cemento rápido. Su fraguado es casi instantáneo y es menos resistente que los anteriores. Se utiliza para trabajos puntuales y no se pueden mezclar con otros materiales.Por último, el cemento-cola es un producto de muy fácil preparado (incluso se puede comprar listo para su uso) y aplicación. Está formado básicamente por cemento tipo Portland, arenas y colas sintéticas. Se utiliza sobre todo para trabajos de pequeña envergadura, como alicatados, reparaciones domésticas, rellenado de llagas en soleras y paredes cerámicas… Si el preparado tiene como base el cemento Portland gris, su resistencia será mucho mayor que si la base es de Porland blanco.

Aparte de estos materiales, conviene saber que en el mercado hay disponible una gran variedad de aditivos (endurecedores, aceleradores, plastificantes…) para conseguir mezclas y argamasas con propiedades específicas, y más fáciles de manipular.

hormigon celular

El hormigón celular curado en autoclave es un material creado en 1.924. Aunque en nuestro país no es aún muy conocido, en muchas zonas de Europa, como Francia o Alemania, es muy empleado por su facilidad de manejo y sus grandes propiedades aislantes. Se presenta en bloques de diferentes tamaños y formas, en su mayoría machihembrados para su mejor colocación, que se componen de una mezcla de agua, arena, cal y aire. Es un material que resiste sin problemas la putrefacción y el fuego, mientras que la presencia de alvéolos de aire intercalados en su estructura lo convierte en el aislante perfecto frente a los cambios térmicos, además de hacerlo mucho más ligero y manejable.
Por increíble que parezca, los bloques de hormigón celular pueden cortarse con sierra, y se fijan entre sí con una pasta específica que se mezcla con agua, como si de un cemento-cola se tratase. El material puede pintarse, empapelarse o enlucirse previa aplicación de una imprimación para facilitar el agarre. Aunque en muchos lugares se emplea para construir edificaciones, también resulta perfecto para levantar tabiques ligeros en las viviendas, hacer cocinas de obra, muretes para separar espacios e incluso estructuras para exterior. 
El sistema dispone de piezas para todo tipo de obras: muros (portantes y no portantes), forjados o tabiques. Esto significa que podemos levantar virtualmente toda una vivienda con el mismo material, con el ahorro que esto supone en materia de transporte y, sobre todo, en cuanto a tiempo (por la facilidad de manejo que implica). Y todo esto, sin hablar de la reducción de costes de climatización en la futura vivienda debido al alto poder de aislamiento del material.
El 25 de noviembre, la firma YTONG, productora y distribuidora de hormigón celular en nuestro país, organizará una jornada técnica sobre este material en el COAM (Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid). Para obtener más información e inscripciones se puede visitar la página web de la empresa: http://www.xella.es/html/esp/es/5262.php

alicatar baños

Una de las tareas fundamentales en albañilería es el alicatado. Aunque es frecuente recurrir a los servicios de un profesional para poner azulejos en cocinas o cuartos de baño, los más osados pueden ahorrarse sus honorarios si se animan a ponerse ellos mismos manos a la obra. Para este trabajo necesitarás unas herramientas muy específicas y seguir los pasos detenidamente. Sin duda, se trata de un reto complicado, pero a la vez enriquecedor y gratificante para los amantes del bricolaje.

Herramientas necesarias

El cortador de baldosas.
Las tenazas "boca de loro".
El nivel de burbujas y regla.
La plomada y cordel.
El mazo de goma.
La llana dentada y la paleta de albañil.
La llana de goma.
La amoladora.
Tubo de silicona y pistola aplicadora.
Las protecciones.
Preparación de las paredes
Antes de nada, igualaremos la superficie cubriendo los agujeros y las fisuras con una masilla tapaporos elástica. En el caso de que haya restos sueltos, los eliminaremos con un raspador triangular antes de aplicar la masilla. Una vez ésta se haya secado, lijaremos la superficie para dejarla totalmente lisa. Cuando se trata de una pared con papel pintado, no se puede alicatar sin antes haber arrancado el papel, ya que los azulejos pesan demasiado y podrían arrancarlo. Para despegarlo fácilmente utilizaremos vapor.

Sobre las paredes pintadas tampoco podremos alicatar directamente, antes las debemos desengrasar. A continuación las lijaremos con un papel de lija grueso, eliminando cualquier resto suelto para mejorar la adherencia. Las superficies muy porosas (yeso, ladrillos, cemento u hormigón) las tendremos que tratar previamente con una imprimación especial para evitar que absorba la humedad de la cola, ya que, de lo contrario, la adherencia sería menor.

En el caso de paredes húmedas, lo primero es localizar el origen (goteras de una tubería, humedad que suba por capilaridad, etc) para solventar el problema con el producto apropiado. En caso contrario, la humedad volverá a aparecer con el tiempo, dañando nuestro trabajo.

Comenzar a alicatar
Empezaremos trazando una línea vertical en medio de la pared con un cordel y una plomada. Nunca debemos empezar desde un rincón ya que las paredes no suelen formar un ángulo recto. En los rincones y uniones con otras paredes colocaremos azulejos cortados, ahí el corte será menos visible. Al cortarlos, desaprovecharemos muchos azulejos, así que compraremos siempre un 10% más de los que en principio necesitemos.

Para distribuir los azulejos, primero dibujaremos un plano para calcular cuántos utilizaremos, los que cortaremos para prever la colocación simétrica alrededor de las aberturas. Igualmente decidiremos la separación entre las juntas que puede ser de 2 mm. a 5 mm, incluso 8 mm. para los azulejos de 15 x 15 cm. Para la adhesión, actualmente se utiliza cola impermeable. La aplicaremos con una espátula dentada haciendo pasadas horizontales. La cola puede ser cemento-cola, pasta adhesiva o cola funguicida para los lugares húmedos.

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El primer azulejo lo colocaremos siguiendo la plomada y en la parte inferior de la pared, apoyado sobre una encimera, el borde de la bañera o sobre un listón de madera provisional. Pero siempre dejaremos una pequeña separación con unas piezas de plástico cruciformes para posibles movimientos.

A medida que vayamos ubicando los azulejos, también colocaremos las piezas de plástico cruciformes en los ángulos superiores para que todas las juntas tengan la misma separación. Con una regla de aluminio iremos comprobando que vayan quedando totalmente planas contra la pared y, en caso contrario, les daremos unos ligeros golpes con un mazo de goma.

Los acabados
En los lugares como las esquinas y rincones, donde tengamos que colocar parte de un azulejo, lo cortaremos previamente con un cortador específico a la medida necesaria. Marcaremos con un lápiz el corte y pasaremos la cuchilla del cortador. Bajando el mango, partiremos el azulejo o, en su defecto, lo apoyaremos en un ángulo y le daremos un ligero golpe por detrás.

Si hemos de realizar una abertura en el borde de un azulejo, primero de todo marcaremos con un punzón la línea de corte y seguidamente cortaremos trocitos con las tenazas de boca de loro. Una vez cortado, puliremos los bordes con la lima.

Para hacer una abertura en medio de un azulejo, por ejemplo una tubería, primero marcaremos el contorno y luego haremos sucesivos agujeros dentro de éste círculo con el taladro (pero a bajas revoluciones y sin el percutor). Para despegar esta zona le daremos unos golpecitos, igualaremos los bordes con las tenazas y lo limaremos.

Una vez terminado el trabajo y la pared seca (necesita un día), aplicaremos el tapajuntas, que puede ser blanco o del color de los azulejos. Sobre ellos lo extenderemos usando una llana de goma y, cuando empiece a secarse, limpiaremos las zonas superfluas con un trapo o una esponja.

En las uniones con bañeras, platos de duchas o encimeras, aplicaremos una junta de silicona fungicida. El acabado final lo conseguiremos mojándonos el dedo con agua jabonosa y pasándolo por encima de la tira de silicona.