Un rosal a toda prueba
Aunque las labores de jardinería se vuelven menos frecuentes durante el invierno debido al estado de hibernación en el que entran gran cantidad de especies, existen trabajos que deben llevarse a cabo para que en la primavera podamos disponer de un jardín perfecto. Una de las especies más interesantes y populares que podemos plantar en nuestro jardín son los rosales. Son adecuados tanto para jardines, como para terrazas o balcones; resultan bastante resistentes pero, por desgracia, son también las plantas preferidas de las plagas. Detener su avance y proliferación no es complicado si se toman las medidas adecuadas. Antes de nada, hay que saber cómo se plantan los rosales. Deben ubicarse en lugares ventilados y al sol o con la máxima iluminación posible; la tierra ha de ser esponjosa, con limo y arena, y rica en humus y mantillo. Las podas se realizan dos veces al año: una a finales del invierno y la otra en otoño, para poder superar los días fríos (con estas podas se estimula la floración y se previenen las plagas). En cuanto a los riegos, si la planta está en terreno, hay que regarla una vez a la semana; pero si está plantada en una maceta, habrá que hacerlo cada tres o cuatro días. Por último, para rosales en maceta, el abono se debe aplicar disuelto en el agua de riego a intervalos de diez días, durante un tiempo comprendido entre la primavera y el otoño; los ejemplares de jardín se abonarán con un producto sólido, tipo mantillo. Las diferentes plagas presentan características distintas. El oídio se muestra con forma de moho en hojas y tallos tiernos; se erradica con un fungicida o un producto rico en azufre. La roya presenta puntos naranjas en las hojas y se elimina con fungicidas específicos. Si hay manchas blancas en las hojas, son consecuencia del ataque de la cochinilla; hay productos especiales para eliminarlas. Las manchas grises de hojas y tallos corresponden a la acción del mildiu, que se erradica con fungicidas polivalentes. A veces detectamos la presencia de insectos bajo las hojas; se trata de pulgones, y se pueden eliminar con un insecticida especial que no ataque a la planta. Si observamos que los bordes de las hojas se enrollan, lo más probable es que nuestro rosal esté sufriendo el ataque de la mosca de la sierra. Para controlarlo, hay que aplicar un insecticida y eliminar y quemar las hojas afectadas. Y para terminar, si la planta presenta un aspecto débil con una especie de pelusilla gris en el tallo, entonces está experimentando una botritis provocada por un hongo. La podremos suprimir suspendiendo el riego (si la base del tallo está empapada) y aplicando un producto rico en iprodione. Hay muchas firmas que disponen de este tipo de productos, a la venta en centros de jardinería y bricolaje; podemos mencionar algunas de las más eficaces, como Compo, Flower, Burés, Bayer o Algoflash

Los problemas de humedad, sobre todo durante determinadas épocas del año y en zonas lluviosas, pueden convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para aquéllos que los sufren. Las humedades pueden ser de tres tipos distintos, dependiendo de su origen: por capilaridad, condensación y filtración. Todas ellas terminan generando manchas, goteras y eflorescencias (aparición de salitre en forma de cristales en las superficies; también pueden surgir eflorescencias de moho en paredes y techos. Cuando tenemos un problema de humedad, lo primero que hay que hacer es conocer su origen; aunque en ocasiones es evidente (puede que el agua se filtre por una ventana o una puerta, o que veamos que el vapor se condensa en los cristales), la mayoría de las veces es necesario acudir a una empresa profesional para que, con unos aparatos llamados higrómetros (medidores de humedad), comprueben la gravedad del caso. También llegarán a conocer la fuente de la humedad, paso fundamental para erradicarla. Las humedades más conflictivas son las que aparecen por capilaridad; en estos casos, el agua parte del subsuelo y asciende por los capilares de los cimientos hasta surgir por la pared en forma de manchas. Los tratamientos que se aplican en este casos son variados, desde la inyección de resinas especiales a través de tolvas en una serie de agujeros practicados en la pared (las resinas se endurecen en el interior del muro, creando una barrera que impide el avance de la humedad), hasta los modernos tratamientos por electro-ósmosis, que invierten la polaridad entre suelo y pared,