Nuevos materiales de fontanería
Desde hace ya bastante tiempo, las tuberías de cobre han sustituido a las de plomo en conducciones de fontanería, al tratarse este último de un metal potencialmente tóxico. Sin embargo, el cobre está muy lejos de ser el material definitivo para este tipo de instalaciones; durante los últimos años se han popularizado rápidamente las tuberías y accesorios hechos de materiales plásticos, mucho más ecológicos y fáciles de manejar. ¿Cuál es la mayor ventaja de estos materiales? Está muy claro: no precisan de soldadura para unir las piezas entre sí, con lo que el tiempo de instalación se reduce al máximo. Aunque estos tubos son algo más caros que los de cobre, dependiendo de la envergadura de la instalación suele merecer la pena colocarlos, ya que el tiempo de mano de obra se reduce considerablemente. Además son los más indicados para trabajos de bricolaje, porque su manejo es mucho más sencillo que el del cobre.
Pueden encontrarse sistemas de tres tipos:
Multicapa: para conducciones de agua fría y caliente; estos tubos están especialmente recomendados para calefacción, por ser muy seguros. Su nombre obedece a las cinco capas que componen el material: polietileno reticulado, capa adhesiva, aluminio, adhesivo y aislante.
Polietileno reticulado: más conocido por el nombre de Wirsbo (firma que comercializa uno de los productos disponibles en el mercado). Se emplea generalmente para conducciones de agua fría. Para las de agua caliente se usa el tubo llamado Pex, y para calefacción, el denominado Evalpex.
Polipropileno: los instaladores profesionales lo conocen como PPR y puede emplearse para circuitos de agua fría, caliente y calefacción (en este último caso se ha de emplear un tubo de tipo faser).
Para trabajar estos materiales se emplean herramientas habituales para trabajos de fontanería, como la llave de pico de loro o los cortatubos, con la ventaja de que no hay que contar con el equipo de soldadura. Así, todas estas ventajas hacen de los materiales plásticos una apuesta de futuro en el campo de la fontanería.



Han sido una auténtica revolución en el campo de los pavimentos. Los suelos laminados están cada vez más presentes en todos los espacios, siendo protagonistas de excepción en locales comerciales (sobre todo en sus líneas específicas para este tipo de lugares, más resistentes y con más años de garantía) y en cada vez más viviendas. Su estructura y composición se basa en una serie de capas de distintos materiales, revestidas por una lámina (de ahí su nombre) de celulosa que imita diferentes acabados: madera, baldosas, cemento pulido… Esta lámina se encuentra protegida por una capa plástica que aporta una extrema resistencia y durabilidad a los suelos. La capa base se compone de un compuesto aglomerado, por lo general de tipo DM (densidad media), sobre la que se pega la lámina celulósica con un adhesivo especialmente resistente.




